jueves, 18 de junio de 2026




Se veían pero no saltaba ninguna alerta, se miraban y saludaban porque la cortesía siempre estuvo en la cara de la misma moneda-. Una más extrovertida, la otra más callada pero de cualquier forma comunicativas. La primera sosegada y reflexiva, la segunda navegaba sin ataduras. En el fondo y bajo la lupa de la ignorancia de ellas mismas,  no se obviaban. Quizá el rabillo de ojo nunca dormía. El arte que algunos practican de burlar o apartar la primera impresión no habitaba en sus juicios. Continuaron, cada cual por su lado, una travesía invisible e incorpórea del itinerario que conduce hacia la amistad.  Armonía que se dibujaba sencilla e inocente exenta de controversias ideológicas o de otra índole. 
Si bien era cierto la más bajita de entrada no trabajó en un principio, ni pretendió mover un dedo por aquello, es más, el pavor a reiniciar una nueva versión de un hecho que vivió en tiempos pasados, flaqueaba ante cualquier iniciativa...Pero llegado este punto, siempre evocaba a Nietzsche," Cuando ves a esa persona, es el momento en que tu consciencia alcanza a reconocer lo que tu ser profundo ya había detectado y atraído".
Y ya le resultaba casi imposible retroceder, aunque ponderó que el temido bumerang de nuevo le golpeara en la cabeza. Por ello, en cierto modo y sin rodeos, le asustaba su cercanía. El modus operandi circundaba la realidad en estas situaciones... Aquella mirada decidida y parlante conseguía sobresaltar la paz interior aunque curiosamente su plática le sumergiera en la quietud de un estanque encantado.

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